León, Gto. - Historia de la Ciudad - Fundación II

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Fundación de León
Fundación de León

Foto: Mariano González Leal

Fundación de la Villa de León

En el acta de fundación, levantada por el Escribano Real Miguel de Arévalo y de la que sólo se conocen traslados, pero no así el primitivo dibujo de la traza, ni la nómina original de vecinos levantada por Juan Alonso de Torres, se asentó, en fecha de 20 de Enero de 1576 (día de San Sebastián), que la traza primitiva estuvo constituida por veinticuatro manzanas, en torno a una plaza de trescientos sesenta pies en cuadro cuyos lienzos midiesen de una esquina a la otra ciento veinte pasos comunes.

La plaza no podría ser embarazada por construcción ni edificio alguno, pues seguía la costumbre hispánica, poco después plasmada en las Ordenanzas, de seguir la traza en torno a la Plaza donde se alzarían los principales edificios públicos: Iglesia, Casas de Justicia y Cabildo, cárcel y mesón. Se señalaron también los solares para las casa de los pobladores que se comprometieron a habitar la Villa de diez años; huertas, ejido y dehesa boyal.

El padre Crespo señala que la Iglesia primitiva (según puede constatarse de la interpretación literal de los documentos fundatorios se ubicó en la acera oriente de la plaza y con vista al poniente, es decir, es la esquina de lo que hoy es la Calle Madero y la Plaza Principal. Como en la parte posterior de la Iglesia estuvo el cementerio parroquial, podría éste ubicarse más o menos a la altura de las fincas 114 y 116 de la Calle Madero.

Allí debieron haber sido sepultados los primeros fundadores y quienes fallecieron antes de la habilitación del posterior cementerio anexo a la parroquia franciscana. Solo a la llegada de los Franciscanos, por 1588, la construcción de su nueva Iglesia, contigua al monasterio, traslado la sede del curato al lado frontero, donde hoy se encuentra todavía.

Precisan Alvarez Domínguez y Pérez Ortega que de las veinticuatro manzanas originarias de la Fundación, las ubicadas al Norte y al Sur de la plaza se dividían en seis solares, mientas que las localizadas al oriente y poniente son casi cuadradas, lo que supondría en ellas solo cuatro solares. Estos solares fueron las propiedades urbanas primitivas de los primogenios de pobladores de León.

El 29 de marzo del propio 1576 se amplió la jurisdicción de la Villa, por acuerdo del Virrey Enríquez de Almanza. Las veinticuatro manzanas que constituyeron la traza orgininal de la Villa comprendieron ciento cuarenta y cuatro solares. Corresponden a lo que en estricto rigor es el primitivo centro histórico de la Ciudad, ubicado entre las siguientes delimitaciones: al noroeste, las calles Veintisiete de Septiembre y Melchor Ocampo; al noroeste, las calles de La Paz y Tres Guerras; al sureste, las avenidas Independencia y Rosas Moreno; al suroeste, las Avenidas Miguel Alemán y Constitución.

Las estancias de labor y campo de los fundadores y primeros pobladores, en torno a la traza, comprendieron, entre otras, las hoy llamadas de Los Sapos (antes Monte de San Nicolás), de Alvaro Sánchez; de Santa Ana (luego "del Conde"), del Bachiller Pedro Ruiz Escudero; de los Sauces (de Andrés López de Céspedes), del Cerro Gordo (de Pedro Gómez) y un largo etcétera. Muchas de ellas modificaron sus denominaciones a través de los años o se subdividieron después en parvifundios con nombres diversos.

Las huertas estuvieron ubicadas hacia el sur: desde el actual Barrio de La Merced hasta Santa Rosa; la dehesa boyal, o terreno de pasto para los ganados, por la zona del actual Parque Hidalgo.

Un valioso documento descubierto y publicado por el Lic. Eduardo Salceda López, en el Archivo General de la Nación, prueba una vez más el interés que el Virrey Enríque de Almanza tuvo por esta comarca y por la fundación leonesa; pues mas aún de un mes después de la misma, proveía lo necesario para la dotación de edificios públicos a lo que él todavía llamaba "Ciudad de León".

Para el efecto, y a solicitud del Doctor Orozco, el Virrey acordó la transportación de cien indígenas procedentes de Acámbaro, para que se utilizarse mano de obra suficiente para construir la Iglesia, Casas de Cabildo, cárcel, etcétera, de acuerdo al mandamiento de fundación; indígenas de los que se proporcionaban también a los encomenderos Hernán Pérez de Bocanegra y Juan de Illanes para el trabajo de sus estancias.

El destino de León estaba señalado. Así como su tierra pródiga acogió desde antes de su fundación formal al navarro Juan de Jasso y a los pobladores que con él vinieron, al ser fundada se transformo en solar para aquellos que, por darles patria a sus hijos, pasaron desventuras, riesgos y penalidades sin cuento.

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